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Chapter 1 - El Grito que Rompió el Silencio

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Alejandro estaba inmerso en la revisión de unos contratos sumamente importantes en su despacho de la planta alta. Era una tarde de martes aparentemente tranquila, una de esas en las que el sol de otoño filtraba su luz dorada a través de los enormes ventanales de la mansión. Llevaba horas intentando concentrarse, pero su mente divagaba constantemente hacia los preparativos de su inminente boda con Valeria. Todo parecía marchar a la perfección en su vida: una empresa exitosa, una prometida hermosa y, sobre todo, su adorada hija Sofía, quien era el centro absoluto de su universo desde que había quedado viudo hace tres años. Sin embargo, esa tranquilidad se hizo añicos en una fracción de segundo.

El grito de Sofía rompió la calma de la casa como un cuchillo afilado rasgando una tela de seda. No era un simple llanto de frustración o un berrinche infantil; era un chillido cargado de terror puro que heló la sangre en las venas de Alejandro.

Alejandro tiró los documentos sobre el escritorio, tirando la pluma al suelo en el proceso. Subió desde el despacho casi corriendo, saltando los escalones de dos en dos. Atravesó el largo pasillo decorado con cuadros antiguos y llegó al comedor principal con el corazón golpeándole el pecho con tanta fuerza que sentía que le iba a estallar.

Lo primero que vio fue a su pequeña hija sentada en el suelo de madera de roble, llorando desconsoladamente. Su vestido beige, el que él mismo le había comprado la semana pasada, estaba manchado de salsa y sopa. Tenía una mano temblando suspendida en el aire, justo sobre un plato de cerámica roto en varios pedazos. La comida estaba esparcida por todas partes, manchando la costosa alfombra persa.

Luego vio a Lucía. La joven niñera, con su delantal beige sobre la camisa azul clara, estaba inmóvil a pocos pasos de la niña. Tenía los ojos llenos de lágrimas y el rostro pálido, pálido como el mármol, como si acabara de vivir una pesadilla en carne propia.

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Alejandro no pensó. El instinto paternal de protección lo cegó por completo. Solo reaccionó.

—¿Quién tocó a mi hija? —rugió, con una voz que hizo temblar los cristales de la vitrina.

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