Chapter 5 - El Veneno del Engaño

|
La pantalla de la tableta brillaba en las manos de Alejandro, iluminando su rostro tenso. En la grabación de alta definición, se veía claramente el comedor vacío hace apenas quince minutos. Luego, la figura elegante de Valeria entró en el encuadre. Llevaba el mismo conjunto blanco impecable que vestía en ese momento.
En el video, Valeria miraba furtivamente hacia ambos lados, asegurándose de que nadie la observara. Caminó hacia la pequeña mesa auxiliar donde el cocinero había dejado temporalmente el plato de sopa de Sofía antes de servirlo. Valeria sacó un pequeño frasco oscuro de su bolsillo. Con una frialdad escalofriante, vertió el contenido del frasco sobre la comida de la niña, mezclándolo rápidamente con una cuchara antes de desaparecer por el pasillo.
Alejandro dejó de respirar. Repitió el fragmento del video. Una, dos, tres veces. Cada visualización era un golpe directo a su estómago. La mujer con la que planeaba casarse, la mujer que fingía amar a su hija, acababa de ser grabada adulterando su comida con un propósito oscuro y evidente.
Levantó la vista de la tableta. Sus ojos, ahora desprovistos de cualquier rastro de amor o confusión, se clavaron en Valeria. Eran pozos de pura furia contenida.
—¿Qué le pusiste al plato, Valeria? —preguntó Alejandro, con un tono tan bajo y peligroso que Lucía instintivamente dio un paso atrás.
Valeria retrocedió, su máscara de perfección finalmente desmoronándose. Empezó a negar frenéticamente con la cabeza.
—Alejandro… ese video está manipulado, ¡es un truco! Seguro fue ella, esta sirvienta debió alterar las cámaras para incriminarme. ¡Tú me conoces! Yo jamás le haría daño a Sofía. ¡Era solo sal! Sí, era un poco de sal porque la comida de ese inútil cocinero siempre está desabrida —balbuceó Valeria, tropezando con sus propias palabras, sonando cada vez más ridícula.
Alejandro levantó la tableta, mostrándole la pantalla congelada en el momento exacto en que ella vertía el líquido.
May you like
—¿Sal líquida en un frasco de gotero oscuro? —escupió Alejandro, asqueado—. No insultes mi inteligencia. Guardias, cierren todas las puertas de la casa. Nadie entra y nadie sale. Llama a la policía en este instante.
Valeria entró en pánico. Se dio la vuelta y corrió hacia la puerta principal, intentando huir de la mansión, pero dos guardias de seguridad le bloquearon el paso, cruzando los brazos, esperando la orden de su jefe. Estaba atrapada en la red de su propia maldad.