Fastnews

Chapter 6 - La Espera Angustiosa

|

El ambiente en el comedor se volvió sofocante mientras Valeria gritaba y pataleaba en la entrada de la casa, exigiendo a los guardias que la dejaran salir, amenazando con demandar a todos los presentes. Sus gritos histéricos contrastaban brutalmente con el silencio que había caído sobre el resto del personal, que observaba la escena con una mezcla de horror y fascinación.

Alejandro ignoró los berrinches de su prometida. Se agachó de nuevo, esta vez con movimientos lentos y suaves, para no asustar más a su hija. Levantó a Sofía en sus brazos, apretándola contra su pecho con una fuerza protectora. Hundió el rostro en el cabello de la niña, respirando su aroma a champú de lavanda, cerrando los ojos mientras daba gracias al cielo, al destino, y especialmente a la niñera, porque su pequeña seguía con vida.

—Ya pasó, princesa. Papá está aquí. Nadie te va a hacer daño nunca más —le susurró Alejandro, sintiendo cómo el cuerpo tembloroso de la niña comenzaba a relajarse poco a poco en su abrazo.

Luego, Alejandro levantó la vista hacia Lucía. La joven seguía de pie junto a la pared, abrazándose a sí misma, temblando por la adrenalina del momento. Alejandro se acercó a ella, sin soltar a Sofía. Los ojos del poderoso empresario estaban llenos de lágrimas de arrepentimiento.

—Lucía… —comenzó, con la voz quebrada por la emoción—. No sé cómo pedirte perdón por haber dudado de ti. Por haberte gritado. Me dejé cegar por el miedo. Tú salvaste la vida de mi hija hoy. Si no hubieras reaccionado, si no hubieras tirado ese plato…

Alejandro no pudo terminar la frase. El nudo en la garganta se lo impidió.

Lucía negó con la cabeza, secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

—No tiene que pedirme perdón, señor. Yo también me asusté mucho. Sofía es como una hermanita para mí. Cuando olí ese químico, mi cuerpo reaccionó solo. No podía permitir que se llevara esa cuchara a la boca —explicó Lucía, mirando los restos de comida en el suelo como si fueran veneno radiactivo.

May you like

—No tocarán nada de ese plato —ordenó Alejandro al personal de limpieza que había hecho el amago de acercarse con una escoba—. Es evidencia. Cubran la zona.

A lo lejos, el sonido agudo y estridente de las sirenas de la policía comenzó a acercarse por la avenida principal, rompiendo la tranquilidad del exclusivo vecindario. La verdadera pesadilla para Valeria apenas comenzaba.

Related Stories

Other posts