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Chapter 20 - Un Nuevo Comienzo

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Había pasado exactamente un año desde aquel terrible día en el comedor. La mansión en la ciudad lucía irreconocible. Alejandro había ordenado una remodelación completa para borrar cualquier rastro de la época de Valeria. Los colores oscuros y elegantes habían sido reemplazados por tonos cálidos, enormes plantas de interior y estanterías llenas de libros y juguetes. La casa, que antes parecía un museo intocable, ahora respiraba vida y calidez.

Era un domingo por la mañana brillante y soleado. Sofía, que ahora tenía seis años, corría por el jardín delantero persiguiendo a un cachorro golden retriever que le habían regalado por su cumpleaños. Su risa resonaba libre, desprovista de cualquier trauma o sombra del pasado. Era una niña completamente feliz.

Alejandro salió a la terraza del jardín, llevando una bandeja con café fresco y panqueques recién hechos. Lo colocó sobre la mesa redonda y se giró hacia la puerta de cristal.

Lucía salió de la casa, luciendo un sencillo pero hermoso vestido de verano. Ya no llevaba delantal. Ya no era la niñera que se escondía en los rincones de la cocina. Era la dueña de la casa, la compañera de vida de Alejandro y la madre que Sofía había elegido con su corazón.

Alejandro se acercó a ella, abrazándola por la cintura y depositando un suave beso en su frente. Juntos observaron cómo Sofía lograba atrapar al cachorro, cayendo ambos al pasto en un enredo de risas y patas.

—¿Te imaginas si hace un año alguien nos hubiera dicho que terminaríamos así? —preguntó Lucía, apoyando la cabeza en el hombro de Alejandro, sintiendo la brisa cálida en el rostro.

—Si me lo hubieran dicho, no lo habría creído. Pero ahora, no puedo imaginar mi vida de otra manera —respondió Alejandro, apretándola contra él.

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Habían recorrido un camino lleno de oscuridad, engaños y peligros mortales, pero el amor, la lealtad y el instinto protector habían triunfado sobre la codicia. El plato roto, el grito desgarrador y el video acusador eran solo recuerdos de una tormenta que ya había pasado.

Mientras el sol subía en el cielo, iluminando su nuevo hogar, Alejandro supo con absoluta certeza que su familia finalmente estaba a salvo, y que su felicidad, esta vez, era inquebrantable y completamente real.

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