Chapter 18 - Sanando las Heridas

|
Con el juicio terminado y Valeria confinada en una celda de concreto, el asedio de la prensa disminuyó gradualmente. Sin embargo, Alejandro sentía que la mansión aún conservaba una energía pesada, un eco persistente del estrés de las últimas semanas. Decidió que lo mejor para los tres era escapar de la ciudad por un tiempo, respirar aire puro y dejar que las heridas emocionales comenzaran a cicatrizar.
Alquilaron una hermosa cabaña de madera en las montañas, rodeada de bosques de pinos y frente a un lago cristalino. Era un lugar donde el lujo daba paso a la simplicidad y la naturaleza. Alejandro no llevó su computadora de trabajo, y Lucía dejó de usar su uniforme de niñera, vistiendo suéteres cómodos y jeans. Durante esas semanas, no eran un jefe y su empleada; eran tres sobrevivientes buscando paz.
Los primeros días fueron de adaptación. Sofía todavía tenía pesadillas ocasionales en las que se despertaba llorando. En esas madrugadas frías, Alejandro y Lucía se encontraban en el pasillo, iban juntos a la habitación de la niña, y mientras él la abrazaba, Lucía le cantaba suaves canciones de cuna hasta que el terror desaparecía y el sueño volvía.
Con el paso de los días, la magia del entorno comenzó a surtir efecto. Empezaron a hacer largas caminatas por el bosque, recolectando piñas y hojas secas. Sofía reía a carcajadas mientras perseguía a las ardillas, y su rostro recuperó el color rosado de la niñez despreocupada.
May you like
Una tarde, mientras Sofía armaba un castillo con ramas cerca de la orilla del lago, Alejandro se detuvo a observar la escena desde el porche de la cabaña. Lucía estaba sentada en la hierba, ayudando a la niña, riendo con ella bajo la cálida luz del atardecer.
Alejandro sintió una punzada en el pecho, pero no era de dolor ni de miedo. Era una calidez profunda, un sentimiento que creía haber enterrado junto con su difunta esposa. Se dio cuenta de que su hogar no era una mansión en la ciudad. Su hogar eran ellas dos.