Chapter 4 - La Verdad en Pantalla

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Alejandro era un hombre de negocios implacable, entrenado para notar los detalles más sutiles en el comportamiento de sus rivales. Y no pasó por alto el cambio radical en la expresión de Valeria. Notó cómo sus manos, antes relajadas, se cerraban en puños apretados; cómo sus ojos, normalmente altivos, se abrían desmesuradamente al fijarse en el diminuto punto rojo de la cámara.
Miró la cámara. Luego miró el plato roto, del cual efectivamente emanaba un olor dulzón y ácido, algo antinatural que comenzaba a invadir el aire del comedor. Miró el rostro desesperado y honesto de Lucía… y luego volvió a fijarse en la reacción de terror mal disimulado de su prometida. Algo dentro de él, la venda de la confianza ciega, empezó a romperse en mil pedazos.
—Tráiganme el teléfono del sistema de seguridad. Ahora mismo —ordenó Alejandro con una voz tan helada que hizo que la temperatura del cuarto pareciera descender varios grados.
Valeria dio un paso adelante, intentando recuperar su postura de mujer ofendida, forzando una sonrisa condescendiente que no le llegó a los ojos.
—Alejandro, por el amor de Dios, esto es absurdo. ¿De verdad vas a perder el tiempo creyéndole a una empleada que acaba de aterrorizar a tu hija? Seguro la cámara ni siquiera funciona bien, ya sabes cómo fallan esos aparatos. Deja de hacer una escena y llama a seguridad para que la saquen de la casa —insistió Valeria, acercándose para tocarle el brazo.
Alejandro apartó su brazo bruscamente, rechazando el contacto.
—Dije que me traigan el teléfono —repitió, ignorando a Valeria por completo.
Lucía ya estaba llorando de alivio y terror al mismo tiempo.
—No le pido que me crea a mí, señor Alejandro… solo pido que vea la verdad con sus propios ojos —sollozó la joven.
Sofía, aún sollozando, se abrazó con más fuerza a la pierna de su padre. Y Alejandro, con el corazón encogiéndose dolorosamente al pensar lo ridículamente cerca que había estado de equivocarse y cometer una injusticia, entendió una realidad aterradora. En esa casa alguien no solo quería destruir la reputación de Lucía… Alguien quería hacerle un daño irreversible a su hija.
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Un guardia de seguridad de la casa, que había escuchado el alboroto, entró rápidamente entregándole a Alejandro la tableta electrónica conectada al circuito cerrado. Las manos de Alejandro temblaban levemente mientras ingresaba la contraseña, abría la aplicación y retrocedía el video exactamente quince minutos atrás, enfocando la cámara del comedor que apuntaba hacia la cocina.
Lo que vio a continuación cambiaría su vida para siempre.