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Chapter 16 - El Derrumbe de Valeria

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Desesperada y viendo que el caso se le escapaba de las manos, Valeria tomó la peor decisión posible contra el consejo de su propio abogado: exigió testificar en su propia defensa. Creía, con su arrogancia habitual, que podía encantar al jurado y convencerlos de que ella era la verdadera víctima de una conspiración.

Se sentó en el estrado vestida de blanco inmaculado y comenzó su teatro. Lloró con lágrimas forzadas y sollozos ahogados, relatando una historia absurda sobre cómo unos mafiosos a los que les debía dinero la habían amenazado y forzado a verter "un líquido que ella creía que era solo un sedante para que la niña durmiera y así ellos pudieran robar la casa".

El fiscal de distrito se acercó al estrado con una sonrisa depredadora. No iba a tener piedad.

—Qué historia tan trágica, señorita Valeria. Mafiosos, sedantes, robos... Suena a una mala película de acción —comenzó el fiscal, caminando de un lado a otro—. Sin embargo, revisamos su computadora portátil y su teléfono móvil tras su arresto. No encontramos ninguna amenaza de mafiosos.

El fiscal sacó una pila de documentos impresos y los dejó caer pesadamente sobre la barandilla del estrado.

—Lo que sí encontramos fue su historial de búsqueda de internet de los últimos dos meses. Permítame leerle algunas de sus búsquedas recientes: "Cómo anular un fideicomiso por fallecimiento", "¿El cianuro deja rastro en autopsias infantiles?", y "Vuelos de primera clase a las Islas Caimán sin extradición". ¿Fueron los mafiosos quienes buscaron estos vuelos paradisíacos para usted? —preguntó el fiscal, su tono rebosante de sarcasmo.

Valeria se puso lívida. Abrió la boca, pero las palabras no salieron. Se quedó balbuceando, mirando a su abogado en busca de ayuda, pero él miraba fijamente la mesa.

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—Usted no estaba bajo amenaza, Valeria. Usted planeó el asesinato de Sofía con frialdad matemática para heredar la fortuna de Alejandro. Usted es un peligro para la sociedad, y su actuación de hoy es un insulto a la inteligencia de este jurado —concluyó el fiscal, dándole la espalda.

Valeria estalló en histeria en pleno tribunal, gritando maldiciones contra Alejandro, Lucía y el juez, demostrando finalmente su verdadera y violenta naturaleza. Los alguaciles tuvieron que sacarla a la fuerza del estrado, poniendo fin al grotesco espectáculo de su defensa.

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