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Chapter 12 - Preparativos para la Batalla

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El juicio contra Valeria se acercaba rápidamente, y la tensión en la casa aumentó cuando el equipo legal de Alejandro solicitó una reunión de estrategia. Se sentaron en el amplio salón de reuniones de la mansión: Alejandro, Lucía, y dos de los abogados penalistas más prestigiosos y temidos del país.

—La defensa de Valeria está acorralada, pero son peligrosos —comenzó a explicar el abogado principal, un hombre de cabello gris y mirada afilada—. Tienen a un abogado sin escrúpulos que intentará desviar la culpa. Su estrategia principal será alegar que el video no muestra claramente qué sustancia vertió Valeria. Dirán que era una medicina alternativa o algún suplemento, y que la verdadera mente maestra detrás del envenenamiento es otra persona.

Alejandro frunció el ceño, golpeando la mesa con los nudillos.

—¿A quién pretenden culpar? ¿Al cocinero?

—No, Alejandro. Van a intentar culpar a Lucía —dijo el abogado, mirando a la joven niñera con preocupación.

Lucía abrió los ojos de par en par, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.

—¿A mí? ¡Pero si yo fui quien evitó que Sofía lo comiera! ¡Yo les dije que revisaran la cámara! —protestó Lucía, con la voz temblando por la indignación.

—Lo sabemos, Lucía, y la evidencia está de nuestro lado. Pero la defensa argumentará que usted plantó el veneno antes, y que luego montó la escena de tirar el plato para quedar como una heroína y ganar el favor financiero de su empleador rico —explicó el abogado, leyendo los documentos de la estrategia de la defensa—. Intentarán destruir su reputación en el estrado. La atacarán por sus orígenes humildes, por la deuda estudiantil que tiene. Buscarán quebrarla.

Alejandro se levantó bruscamente de su silla, furioso.

—No voy a permitir que la humillen en un tribunal. ¡Es una locura! Ella es la víctima aquí.

Lucía respiró hondo, cerró los ojos por un segundo y luego los abrió, llenos de una nueva determinación. Puso una mano sobre el brazo de Alejandro para calmarlo.

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—No se preocupe, Alejandro. No tengo nada que ocultar —dijo Lucía con voz firme—. Que me pregunten lo que quieran. Diré la verdad, y la verdad no cambia, por mucho que intenten ensuciarla. Estoy lista para testificar.

Alejandro la miró, admirando la valentía de esa joven que, a pesar del miedo, estaba dispuesta a enfrentarse a los leones por su hija.

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