Chapter 37 - Ecos de Vértice

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Apenas unas semanas después del funeral de Tomás, Grupo Vértice anunciaba la celebración del vigésimo aniversario de la histórica fusión con Noray Capital. Era un hito monumental que consagraba dos décadas de rentabilidad ininterrumpida y liderazgo sectorial europeo. La junta directiva había organizado una cumbre de inversores internacionales en el majestuoso Teatro Real de Madrid, un evento que paralizaría la agenda financiera de la ciudad.
Sofía, como representante suprema del accionista mayoritario Orbe Patrimonial, debía pronunciar el discurso de clausura. Sin embargo, minutos antes de salir al escenario, mientras se preparaban en el camerino privado forrado de terciopelo rojo, Sofía tomó una decisión que cambiaría el rumbo de la compañía para siempre.
—Elena, cariño, acércate —llamó Sofía, entregándole a su hija la carpeta de cuero que contenía las notas del discurso—. No voy a salir ahí fuera hoy. Vas a hacerlo tú.
Elena la miró con absoluta sorpresa, deteniendo el ajuste de los puños de su impecable traje blanco.
—Mamá, este es tu momento. Tú salvaste esa fusión. Tú te enfrentaste al consejo, destituiste a los corruptos y construiste este imperio. Todos los inversores internacionales y la prensa están ahí fuera esperando escucharte a ti, no a mí.
Sofía sonrió, una sonrisa llena de paz, sabiduría y una profunda satisfacción por el deber cumplido. Puso sus manos sobre los hombros de Elena, mirándola con un amor inmenso.
—Yo libré las batallas del pasado para asegurarme de que tú pudieras liderar el futuro sin cadenas, Elena. La fusión con Noray es historia. Orbe Innovación y la Fundación Raíces son el presente y el futuro. El mercado necesita ver el rostro de la nueva generación. Necesitan saber que el legado de Tomás Alcázar y el mío no termina conmigo, sino que evoluciona contigo.
Elena tragó saliva, sintiendo el peso y la responsabilidad de la confianza absoluta de su madre. Asintió lentamente, tomando la carpeta de cuero con firmeza.
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—Lo haré, mamá. Y te aseguro que haré que te sientas orgullosa.
—Nunca he dejado de estarlo ni un solo segundo de tu vida —afirmó Sofía, dándole un beso en la mejilla—. Ahora ve ahí fuera y demuéstrales a todos quién es realmente la dueña de la sala.