Chapter 35 - El Legado Alcázar

|
El despacho del subsecretario Roberto Lázaro era un monumento al aburrimiento estatal, lleno de estanterías repletas de archivadores polvorientos y luces fluorescentes parpadeantes. Lázaro, un hombre de rostro cansado y expresión hosca, miró a Elena con evidente fastidio cuando esta irrumpió en su oficina acompañada por la imponente figura de Lucía Herranz.
—Señorita Alcázar, le he repetido a su equipo legal que la nueva normativa requiere una auditoría previa exhaustiva de tres meses antes de otorgar la exención fiscal a su fundación —dijo Lázaro, ajustándose las gafas y mirando el reloj—. No pueden saltarse la fila simplemente porque pertenecen a un fondo de inversión multimillonario.
Elena no se sentó. Apoyó ambas manos sobre el escritorio del burócrata, inclinándose hacia adelante, invadiendo su espacio de confort y mirándolo con una intensidad que lo hizo retroceder ligeramente en su silla giratoria.
—No estamos pidiendo saltarnos la fila, señor Lázaro. Estamos exigiendo que aplique la ley, que establece claramente un periodo de gracia para fundaciones educativas de nueva creación —declaró Elena, su voz resonando con frialdad y autoridad—. Tengo aquí los expedientes de cuarenta jóvenes mujeres brillantes. Si usted no firma esa acreditación hoy, mañana convocaré una rueda de prensa en la puerta de este ministerio con todas ellas presentes.
Lázaro parpadeó, desconcertado por la agresividad inesperada de la joven.
—Eso es un chantaje mediático inadmisible —protestó él, balbuceando ligeramente.
—Es transparencia radical —le corrigió Elena de inmediato—. Explicaré a cada periódico del país cómo su oficina prefiere paralizar el futuro educativo de mujeres vulnerables antes que procesar un formulario estándar. Su nombre será el titular principal, señor Lázaro. Y le aseguro que al Ministro de Educación no le gustará el impacto en las encuestas que generará su incompetencia burocrática.
El silencio que siguió fue denso. Lázaro evaluó la situación, dándose cuenta de que la joven que tenía delante no faroleaba. Poseía el respaldo financiero y el poder mediático para destruir su tranquila carrera administrativa en veinticuatro horas.
Resoplando con derrota, el funcionario rebuscó entre los montones de papel, encontró el expediente de la Fundación Raíces y estampó su firma y el sello oficial con fuerza, deslizándolo de vuelta hacia Elena sin decir una palabra más.
Elena recogió el documento, lo guardó cuidadosamente en su maletín y le dedicó una sonrisa gélida.
May you like
—Ha tomado la decisión correcta para el futuro del país, señor Lázaro. Que tenga una excelente tarde.
Al salir del edificio gubernamental, Lucía soltó una carcajada de asombro. —Elena, has estado aterradora. Tu madre estará increíblemente orgullosa.