Chapter 25 - El Regreso de Adrián

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La maquinaria de Orbe Patrimonial se puso en marcha con una eficiencia implacable. Durante los siguientes tres días, el equipo de analistas preparó un dossier meticuloso que desnudaba por completo las debilidades estructurales de Grupo Valerius. Sin embargo, antes de que el informe fuera enviado a las agencias de calificación, una llamada telefónica inesperada en la línea privada del despacho de Sofía alteró el curso de los acontecimientos.
—Señora Alcázar, tenemos a un hombre en la recepción de la planta baja que insiste en hablar con usted —informó el jefe de seguridad—. Dice que tiene información vital sobre las adquisiciones de Valerius. Su nombre es Adrián Valcárcel.
Sofía sintió que un escalofrío fugaz le recorría la espalda al escuchar ese nombre. Habían pasado casi diecisiete años desde que el padre de Elena había desaparecido de los círculos de poder, exiliado por su propia arrogancia y sus mentiras.
—Déjelo subir, pero acompáñelo usted mismo hasta la sala de reuniones pequeña —ordenó Sofía, recuperando su aplomo de inmediato.
Quince minutos después, Sofía entró en la sala de reuniones sin Elena, a quien había pedido expresamente que se quedara en el despacho con Lucía. Adrián estaba de pie junto a la ventana. El tiempo no había sido amable con él. El traje gris que llevaba estaba desgastado, su cabello había encanecido por completo y los hombros, antes rectos y orgullosos, ahora estaban encorvados bajo el peso del fracaso acumulado.
—Sofía... —murmuró Adrián al verla entrar, con una mezcla de vergüenza y desesperación en su voz.
—No tenemos tiempo para sentimentalismos, Adrián. ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, sentándose y cruzando las manos sobre la mesa, manteniendo una distancia emocional infranqueable.
—Trabajo para Mateo Vargas —confesó él, tragando saliva con dificultad—. O, mejor dicho, soy un consultor externo mal pagado que él utiliza para intentar entender la estructura interna de Vértice y Noray. Vargas me contrató pensando que, como fui tu esposo, conocería tus debilidades.
—Vargas es un idiota si cree que tú alguna vez me conociste realmente —replicó Sofía, cortante—. ¿Por qué vienes a decirme esto?
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—Porque me ha ordenado que falsifique un informe interno de Vértice para presentarlo a los bancos y justificar suOPA hostil —dijo Adrián, sacando un pendrive de su bolsillo y deslizándolo sobre la mesa—. Si lo hago, cometeré fraude de nuevo. Si no lo hago, Vargas destruirá lo poco que me queda. Te entrego las pruebas de sus planes de falsificación, Sofía. Solo te pido que... que no dejes que me arrastre con él.
Sofía miró el dispositivo metálico sobre la mesa, comprendiendo al instante que el arma definitiva para destruir a Vargas acababa de ser entregada por el hombre que una vez intentó destruirla a ella.