Chapter 33 - El Proyecto de Elena

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El primer año de vida de Orbe Innovación fue un éxito rotundo, pero Elena no era alguien que se conformara con mantener el statu quo. Había estado desarrollando en secreto un proyecto que iba más allá de la rentabilidad financiera, buscando un impacto social transformador. Presentó su propuesta en la reunión trimestral del consejo de Orbe Patrimonial, un foro en el que, hasta hace poco, solo intervenía como observadora.
Las luces de la sala de juntas se atenuaron y Elena proyectó en la pantalla principal el logotipo de su nueva iniciativa: "Fundación Raíces".
—Señores consejeros, madre, abuelo —comenzó Elena, dirigiéndose a los presentes con una confianza arrolladora—. Orbe Innovación ha generado un retorno de inversión del catorce por ciento este año. Sin embargo, creo firmemente que el capital ocioso es un talento desperdiciado. Propongo destinar el treinta por ciento de nuestros beneficios anuales a la creación de esta fundación, dedicada exclusivamente a becar a mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad económica para que cursen estudios universitarios en disciplinas de ciencias, tecnología y finanzas.
Los consejeros más veteranos intercambiaron miradas de escepticismo. Era una suma de dinero considerable para donar a un proyecto filantrópico puro, sin retorno financiero directo.
—Es una idea noble, Elena —intervino Ignacio Montalbán, quien seguía siendo un consejero influyente aunque muy mermado en su poder real tras los errores del pasado—. Pero el treinta por ciento es una cifra excesiva. Nuestro deber fiduciario es maximizar los dividendos para los accionistas, no convertirnos en una ONG de caridad.
Elena no retrocedió ni un milímetro. Sonrió con la misma paciencia analítica que caracterizaba a su madre.
—El talento perdido por falta de recursos es la mayor ineficiencia del mercado actual, Ignacio —rebatió Elena, cambiando la diapositiva para mostrar gráficos de desarrollo económico—. No es caridad, es una inversión a largo plazo en capital humano. Las mujeres que formemos hoy serán las líderes tecnológicas y financieras del mañana. Orbe tendrá la primera opción de contratación sobre las mentes más brillantes de su generación, creando un ecosistema de lealtad y excelencia que ningún competidor podrá replicar.
Tomás Alcázar, desde el otro extremo de la mesa, golpeó suavemente el suelo con su bastón en señal de profunda aprobación, soltando una pequeña risa ronca.
—Ignacio, estás discutiendo con el futuro, y el futuro siempre gana —dijo el patriarca de la familia, mirando a su nieta con adoración—. Tiene toda la razón. Las empresas que no devuelven valor real a la sociedad están condenadas a la irrelevancia. Yo secundo la moción de la Fundación Raíces.
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Sofía, que había guardado silencio para dejar que su hija librara su propia batalla, levantó la mano.
—Procedamos a la votación —anunció Sofía con una sonrisa orgullosa. La propuesta fue aprobada por abrumadora mayoría. El legado de los Alcázar acababa de expandirse hacia territorios de generosidad y visión que asegurarían su trascendencia por generaciones.