Fastnews

Chapter 4 - La Instrucción del Abogado

|

La noche anterior, mientras Alejandro dormía el sueño pesado de quien no siente remordimientos, Isabel se había encerrado en el baño de visitas con el pestillo echado. Con las manos temblorosas y el rostro palpitando por el dolor del golpe, había marcado el número de urgencia de Don Ricardo Salazar. Él era un abogado veterano, amigo de la infancia de su difunto padre, un hombre que conocía de leyes pero también de la crueldad humana, y la única persona fuera de la burbuja de los Vargas en quien Isabel aún confiaba ciegamente.

La voz de Don Ricardo, a las tres de la madrugada, no fue de lástima, sino de acción inmediata y táctica legal. Al escuchar el llanto de Isabel y el relato de la agresión física, le había dado una instrucción clara, precisa y que debía seguir al pie de la letra si quería salir viva y con su hijo de esa mansión.

—Isabel, escúchame con mucha atención —le había dicho el viejo abogado, con voz firme—. No hagas las maletas ahora. No intentes huir en la madrugada, él tiene seguridad en la puerta y te detendrán, alegando que estás secuestrando al niño. Espera a la mañana. Cuando él despierte y vuelva a atacarte, si vuelve a amenazarte, llámame inmediatamente. No me hables. No discutas con él. No le grites. Solo pon el teléfono en tu oído o en tu regazo y mantén la línea abierta. Todo lo que él y su madre digan quedará registrado bajo el amparo de una llamada de emergencia por violencia doméstica. Yo me encargo del resto.

Isabel había repasado esas palabras durante horas, sentada en el suelo frío del baño. Y ahora, en medio de la opulenta sala de estar, estaba cumpliendo su parte del plan. Estaba aterrada, sentía que el corazón le iba a estallar en el pecho, pero mantenía la línea abierta.

Alejandro señaló con un dedo acusador el teléfono móvil que Isabel apretaba con fuerza. Su rostro mostró un atisbo de paranoia mezclado con arrogancia.

May you like

—¿A quién diablos llamaste? ¿Qué crees que estás haciendo? —exigió saber, alzando un poco más la voz.

Isabel no respondió. Mantuvo la mirada baja, fijándola en la pequeña cabeza de Mateo, resistiendo el impulso de gritarle en la cara al monstruo con el que se había casado.

Related Stories

Other posts