Fastnews

Chapter 12 - La Llegada de la Autoridad

|

La tensión y los gritos ahogados habían alterado finalmente el sueño de Mateo. El bebé se removió incómodo en los brazos de Isabel, arrugó su pequeño rostro y empezó a llorar con fuerza, un llanto agudo que cortaba el ambiente pesado de la sala como un cuchillo de cristal.

Isabel lo acercó de inmediato a su pecho, ignorando el dolor de sus costillas magulladas, meciéndolo suavemente de un lado a otro y dándole tiernos besos en la cabeza cubierta de un fino cabello oscuro.

—Tranquilo, mi amor, mi niño hermoso. Ya casi termina, te lo prometo. Ya nos vamos —susurró ella, su voz temblando por primera vez desde que había presionado el botón de grabar.

Alejandro, al ver la escena de madre e hijo preparándose para partir, sintió un terror visceral. Dio un paso atrás, tropezando torpemente con la mesa de centro dorada. Por primera vez en toda su vida privilegiada, parecía verdaderamente asustado. Pero no estaba asustado de haber lastimado a la mujer que alguna vez juró amar, ni sentía culpa por el llanto de su hijo. Estaba aterrado de perder el control absoluto de su entorno, de que alguien estuviera desafiando su autoridad bajo su propio techo.

—No puedes irte. No puedes llevarte a mi hijo. Te lo prohíbo, Isabel —ordenó, aunque su voz carecía ya del poder intimidatorio de hace unos minutos.

Justo en ese instante, el pesado aldabón de bronce de la puerta principal de madera maciza sonó. Tres golpes firmes, secos, inconfundibles. No era el toque suave del personal de servicio, ni la llegada casual de un vecino rico. Era la autoridad.

Los dos guardias de seguridad privada de la mansión aparecieron en el pasillo que conectaba con el vestíbulo, luciendo sumamente confundidos y nerviosos. Normalmente, obedecían ciega y exclusivamente a Alejandro y a Doña Carmen. Tenían instrucciones de no dejar pasar a nadie sin cita previa. Pero aquella vez, se apartaron, porque detrás de ellos, desde el otro lado de la puerta entreabierta, se escuchó una voz oficial, potente y respaldada por la ley.

—Policía de la ciudad. Tenemos una orden judicial. Abran la puerta inmediatamente o procederemos a forzarla.

Doña Carmen miró a su hijo con los ojos desorbitados, la desesperación marcando las arrugas que el botox no podía esconder.

—¡Haz algo, Alejandro! ¡Llama a nuestros abogados, a los contactos del ministerio! ¡No dejes que hagan un escándalo en nuestra puerta! —exigió la mujer, perdiendo por completo los nervios.

May you like

Pero Alejandro no se movió. Se quedó paralizado, mirando la puerta, consciente de que ningún contacto de alto nivel iba a detener un operativo policial en curso por violencia doméstica flagrante con pruebas médicas en mano. El dinero, de repente, no servía para detener los segundos.

Los guardias de seguridad, comprendiendo la gravedad del asunto y para evitar cargos por obstrucción a la justicia, abrieron de par en par la enorme puerta principal de la mansión.

Related Stories

Other posts