Chapter 8

El silencio en la sala de espera privada era asfixiante. Finalmente, Víctor, el jefe de seguridad, regresó del centro de control con la tableta en la mano y el rostro sombrío. "Hay algo en las grabaciones que todos ustedes deben ver inmediatamente", anunció con voz firme. El doctor Salgado asintió y pidió amablemente que los familiares más directos pasaran a una sala de reuniones privada y apartada del resto de los curiosos para visualizar las imágenes.
Isabel, presa del pánico que intentaba ocultar bajo una fachada de indignación aristocrática, se plantó en la puerta y se negó en rotundo. "Absolutamente no. Me niego a participar en este circo. No voy a permitir que el dolor de mi familia se convierta en un espectáculo morboso para ustedes", protestó, intentando utilizar su autoridad como matriarca. Elena dio un paso al frente, mirándola directamente a los ojos con una frialdad que asustó incluso a su hermano Adrián. "Si solo fue un accidente y no tienes nada que ocultar, entonces no tienes nada que temer al ver el video, Isabel. Entra en esa sala", le ordenó Elena. Al verse acorralada y bajo la mirada de los médicos y la seguridad, Isabel no tuvo más remedio que ceder.
Entraron todos en la pequeña habitación sin ventanas: Elena, su hermano Adrián, Isabel, Marcos, el doctor Salgado y, para sorpresa de todos, dos agentes de policía del hospital a los que Víctor había llamado por protocolo. Víctor apoyó la tableta sobre el centro de la gran mesa de conferencias y conectó la pantalla a un monitor de pared. "Pongan mucha atención a la esquina superior izquierda", indicó Víctor. El video comenzó a reproducirse marcando la hora exacta: 03:17 a.m. En la pantalla se veía el pasillo interno de la UCI, bañado por una fría luz azulada. Las puertas de cristal estaban cerradas, reinando un silencio clínico. A las 03:21, la inconfundible figura de Isabel aparecía entrando en el cuadro de imagen.