Chapter 12

Al verse completamente acorralada, asfixiada por las evidencias en video, los testimonios médicos y la presencia ineludible de los agentes de policía en la sala, Isabel finalmente se rompió. La máscara de la esposa devota, cariñosa y afligida que había portado con tanto éxito durante dos décadas se hizo pedazos, cayendo al suelo y revelando el monstruo frío y calculador que realmente habitaba en su interior. Sus ojos dejaron de fingir llanto y se volvieron duros como el pedernal.
"¡Ricardo iba a destruir a mi hijo!", gritó Isabel, escupiendo las palabras con un odio visceral, su voz llenando la pequeña sala de conferencias. Adrián, el hijo menor, abrió mucho los ojos, incapaz de procesar que la mujer que lo había criado desde la adolescencia fuera capaz de algo así. "¿Qué estás diciendo, Isabel?", balbuceó Adrián, horrorizado.
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"¡La verdad!", exclamó ella, mirando a Elena con desdén. "Tu precioso e intocable padre, el gran patriarca, había contratado a unos auditores externos. Descubrió hace una semana que Marcos había estado moviendo dinero, grandes sumas de capital, de las cuentas del grupo hotelero hacia empresas fantasma para cubrir unas malas inversiones. ¡Pero maldita sea, era dinero que también nos pertenecía por derecho! Después de veinte malditos años a su lado, aguantando su arrogancia, organizando sus galas, ¿crees que iba a dejar que me divorciara con unas miserables migajas y que metiera a mi hijo en la cárcel por fraude?".
Elena sintió una náusea fría y pesada instalarse en la boca de su estómago. El móvil del crimen no había sido un arrebato pasional, sino la más pura y sucia avaricia. La supervivencia económica de dos parásitos. "Por eso lo empujaste por las escaleras", concluyó Elena, sintiendo que le faltaba el aire al imaginar la escena de su padre cayendo al vacío. Isabel apretó los labios con fuerza, levantando la barbilla con un desafío enfermizo. "Él resbaló en el mármol", afirmó con frialdad, aferrándose a su mentira original.