Chapter 4

La tensión en el pasillo se podía cortar con un cuchillo. Marcos soltó una risa amarga y despectiva, dando un paso hacia Elena para intimidarla con su presencia física. "Qué conveniente y qué patético", siseó Marcos, cruzándose de brazos. "Tu padre está literalmente entre la vida y la muerte detrás de ese cristal, conectado a tubos, y tú ya estás pensando en conspiraciones y herencias. Siempre has estado celosa de nosotros, Elena".
Pero Elena no retrocedió ni un milímetro. Caminó hacia él hasta quedar a escasos centímetros de su rostro. "Mi padre no era un anciano torpe, Marcos. Él construyó un imperio de la nada. La escalera principal tiene una barandilla sólida de hierro forjado que él siempre usaba. Y casualmente, esa misma noche, había pedido a sus abogados revisar el testamento. ¿Me vas a decir que eso también es una coincidencia?". Isabel se llevó una mano al pecho en un gesto de indignación calculada. "Qué crueldad tan grande tienes en el corazón. Ricardo todavía respira, todavía lucha por su vida, y tú te atreves a acusarnos de algo tan monstruoso".
Los familiares lejanos empezaron a murmurar entre ellos. Algunos miraron a Elena con reprobación, como si ella fuera la hija indecente y paranoica que ensuciaba el dolor familiar con sospechas infundadas. Fue en ese momento cuando una de las enfermeras de turno nocturno se acercó discretamente a Elena. La joven vestía uniforme azul y parecía nerviosa. "Señorita Robles", susurró la enfermera, apartándola del grupo. "Antes de que los paramédicos lo intubaran y entrara en coma profundo, su padre tuvo un momento de lucidez en la ambulancia. Intentó decir algo. Le costaba mucho respirar, pero le juro que lo escuché murmurar un par de palabras repetidamente". Elena sintió que el corazón le daba un vuelco. "¿Qué dijo?", inquirió, agarrando las manos de la enfermera. La mujer tragó saliva y respondió: "Solo dijo: 'No fue...'. No pudo terminar la frase. Pero le aseguro que estaba aterrorizado".