Chapter 3

Adrián se acercó a Elena con un café en vaso de cartón. Su hermano menor siempre había sido el mediador de la familia, el que prefería mirar hacia otro lado para evitar el conflicto. "Papá tiene setenta y dos años, Elena", le susurró Adrián, intentando calmarla al ver la tensión en la mandíbula de su hermana. "Las escaleras de mármol estaban mojadas por la tormenta de anoche. Resbaló. Por favor, te lo suplico, no conviertas esta tragedia en una de tus guerras familiares".
Elena lo miró fijamente, sintiendo cómo la frustración le quemaba la garganta. "Él me llamó antes de caer, Adrián. Me dejó un mensaje de voz", replicó ella, manteniendo un tono bajo pero fiero. "Papá siempre llamaba", desestimó Adrián, pasándose una mano por el rostro cansado. "No así", insistió Elena. Acto seguido, sacó su teléfono móvil del bolsillo del abrigo, buscó en el registro de llamadas y reprodujo el audio.
La voz de Ricardo Robles llenó el pequeño espacio entre los dos hermanos. Sonaba tensa, inusualmente baja, casi como si estuviera susurrando para no ser escuchado por alguien más en la casa. "Elena, ven mañana temprano a mi despacho. He descubierto algo muy grave sobre las cuentas de Isabel y los negocios de Marcos. Por lo que más quieras, no firmes nada. No confíes en..." El audio terminaba ahí, cortado abruptamente, seguido por el sonido de un golpe seco. Adrián bajó la mirada, visiblemente incómodo pero aún en negación. Isabel, que estaba a pocos pasos y poseía un oído excepcionalmente fino, dejó de llorar de inmediato. Su rostro se transformó, perdiendo la máscara de viuda afligida. "¿Por qué guardas mensajes privados de tu padre como si fueran armas para atacarnos?", preguntó Isabel con una suavidad que destilaba veneno puro. Elena se guardó el teléfono, irguiéndose cuan alta era. "Porque sé que alguien intentó silenciarlo, y no voy a parar hasta probarlo".