Chapter 2

El pasillo del Hospital San Gabriel estaba iluminado por una luz blanca y estéril que hacía que todos los presentes parecieran fantasmas. La familia Robles llenaba el espacio de la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos como si aquel lugar también formara parte de sus exclusivas propiedades. Había trajes oscuros de corte italiano, abrigos de diseñador, perfumes caros que enmascaraban el olor a antiséptico, relojes brillantes que marcaban los minutos de agonía y rostros que ensayaban una tristeza perfectamente coreografiada.
Al otro lado de un grueso cristal, en la UCI, don Ricardo Robles yacía inmóvil, conectado a una docena de monitores que emitían pitidos rítmicos. Una máquina respiraba por él, subiendo y bajando su pecho de forma artificial. Elena llegó empapada, con el cabello recogido sin ningún cuidado y los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño y el llanto contenido. Lo primero que vio fue a Isabel, su madrastra. La mujer estaba sentada en el centro del pasillo, rodeada de familiares lejanos que la consolaban. Lloraba con un pañuelo de seda apretado entre sus dedos enjoyados, soltando sollozos que parecían demasiado teatrales para ser genuinos.
"Yo estaba en la biblioteca", repetía Isabel por enésima vez a una tía anciana, con la voz estratégicamente quebrada. "Escuché un golpe sordo y terrible, y corrí tan rápido como pude. Pero cuando llegué, mi pobre Ricardo ya estaba en el suelo, inconsciente al pie de la escalera. No pude hacer nada". Su hijo, Marcos, estaba de pie junto a ella, con las manos en los bolsillos, asintiendo con gravedad cada vez que su madre pronunciaba aquellas palabras. "Mi madre lo encontró. Fue un accidente espantoso. Estaba lloviendo, entró con los zapatos mojados...", añadía Marcos, construyendo una coartada perfecta. Elena se quedó de pie en un rincón, observando la escena con repugnancia. Sabía distinguir el dolor real de una actuación barata.