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Chapter 18

Chapter 18: El escrito de acusación

Tres semanas después del nacimiento de Mateo, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer dio por concluida la fase de instrucción y acordó la apertura del juicio oral.

Maya Chen redactó el escrito de acusación en representación de Rebecca.

Las peticiones de pena eran contundentes:

Para Trevor Harlan:

  • Tres años de prisión por un delito de lesiones en el ámbito de la violencia de género, con la agravante de comisión en presencia de menor de edad.

  • Cuatro años de prisión por un delito continuado de descubrimiento y revelación de secretos por la instalación de dispositivos de escucha telemáticos no autorizados.

  • Cinco años de prisión por delito de estafa procesal en grado de tentativa y falsedad documental por la manipulación de la póliza de crédito y la suplantación de la firma digital de Rebecca.

  • Inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad sobre Emma y Mateo durante el tiempo de la condena y prohibición de aproximación a menos de un kilómetro durante diez años.

Para Malcolm Harlan:

  • Seis años de prisión como cooperador necesario en los delitos socioeconómicos, extorsión y por la detención ilegal en grado de tentativa de Marianne Harlan.

El Ministerio Fiscal presentó un escrito en términos muy similares, solicitando un total de nueve años de privación de libertad para Trevor.

En el piso de protección tutelada, la vida cotidiana había empezado a adquirir una nueva rutina.

Rebecca se levantaba a las seis de la mañana para dar la toma a Mateo. Emma ya no caminaba desorientada por las habitaciones buscando a su padre; jugaba en el pequeño parque cercano al centro bajo la supervisión de la escolta policial.

Un día antes de la notificación formal del auto de apertura de juicio oral, Maya visitó a Rebecca con una propuesta de última hora trasladada por la defensa de los Harlan.

—Ofrecen un acuerdo completo —dijo Maya, sentándose a la mesa del salón con una taza de té—. Trevor se declara culpable de las lesiones y de la revelación de secretos. Acepta una pena acumulada de cinco años de prisión de cumplimiento efectivo, renuncia definitivamente a la patria potestad sobre ambos niños y transfiere a tu favor la propiedad íntegra de la vivienda conyugal libre de cargas tras saldar la deuda hipotecaria con el patrimonio de su familia en el extranjero.

Rebecca escuchó en silencio.

—¿A cambio de qué?

—A cambio de que retiremos la acusación por delito socioeconómico contra su padre, Malcolm, y aceptemos una cláusula de confidencialidad perpetua sobre el expediente de la caja de seguridad de 1994.

Rebecca caminó hacia la ventana. Desde allí se veía el perfil de los tejados del centro de Madrid bajo la luz clara de la mañana.

—Quieren comprar el archivo de la familia otra vez —dijo Rebecca.

—Es lo que han hecho siempre —admitió Maya—. Si aceptas, el proceso termina aquí. No tendrás que declarar en el juicio oral. No tendrás que someter a Emma a nuevas pruebas periciales. Trevor irá a la cárcel y la casa será tuya y de tus hijos.

—¿Y Marianne? —preguntó Rebecca—. ¿Qué pasa con lo que Malcolm le hizo a su esposa durante treinta años?

—Si firmamos el acuerdo, la causa contra Malcolm se archivaría por falta de acusación particular.

Rebecca se giró hacia Maya.

—Diles que no.

Maya la miró a los ojos.

—Rebecca, ir a juicio oral significa sentarte en un banquillo de la Audiencia Provincial frente a Trevor y su padre. Significa que sus abogados van a hurgar en tu depresión posparto, en las facturas de la clínica y en cada mensaje de texto que mandaste durante tu matrimonio.

—Lo sé —dijo Rebecca con la voz tranquila—. Pero si acepto su dinero para callarme, me estaré convirtiendo en la persona que su padre entrenó a Trevor para buscar: alguien que acepta el silencio a cambio de comodidad. Mi hija y mi hijo van a crecer sabiendo la verdad completa, no una versión pagada a plazos.

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Maya sonrió despacio y cerró la carpeta de los borradores.

—Prepararé las notas para la primera sesión del juicio.

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