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Chapter 16

Chapter 16: La localización de Marianne

La pista sobre el paradero de la madre de Trevor resurgió gracias a una llamada anónima recibida en la centralita del centro de acogida para víctimas de violencia de género donde se alojaba Rebecca.

Una enfermera de un centro sociosanitario privado situado en la sierra de Guadarrama afirmó haber reconocido a Marianne Harlan tras ver su fotografía en los boletines de prensa que cubrían el proceso judicial.

La inspectora Morris y dos agentes de la Policía Judicial se desplazaron de inmediato al centro con una orden judicial de inspección.

Maya Chen y Rebecca esperaron en la comisaría central a que se desarrollara el operativo.

A las cinco de la tarde, la inspectora Morris llamó por teléfono a Maya.

—La hemos encontrado —dijo la inspectora—. Estaba ingresada bajo un nombre falso en un módulo de acceso restringido. Su estado general es frágil, pero está completamente orientada y consciente.

—¿Ha declarado algo? —preguntó Maya.

—Ha pedido hablar directamente con la fiscalía. Quiere acogerse a la protección de testigos. Malcolm estuvo en la clínica esta mañana intentando que firmara un poder general preventivo a favor de su hijo Trevor, pero ella se negó a recibirle.

Dos horas más tarde, Marianne llegó a dependencias policiales en un vehículo oficial.

Lucía un aspecto cansado, con el rostro avejentado y una bata de lana fina sobre los hombros, pero sus ojos mostraban una determinación que Rebecca jamás le había visto durante los años de matrimonio con Trevor.

Rebecca se acercó a ella en la sala de estancia de testigos.

—Marianne —dijo suavemente.

La anciana levantó la vista y, al ver a Rebecca, se le llenaron los ojos de lágrimas. Se levantó con dificultad y le tomó las dos manos a Rebecca.

—Perdóname —susurró Marianne—. Perdóname por haber tardado treinta años en tener el valor que tú has tenido en tres meses.

—No tienes que pedirme perdón —respondió Rebecca, haciendo que se sentara en el sillón—. Lo importante es que estás a salvo.

—Malcolm creía que podía volver a encerrarme como hizo en el 88 —dijo Marianne, mirando a Maya y a la inspectora Morris, que estaban de pie en la puerta—. Pero esta vez escuché a la enfermera hablar de ti en la televisión. Oí que habías ganado la primera vista en la Audiencia. Y me dije que si mi nuera estaba luchando por mi nieta, yo no podía seguir escondiéndome en un rincón.

Marianne abrió su pequeño bolso de mano y sacó una libreta con tapas de hule negro que había logrado ocultar entre sus pertenencias personales durante su traslado forzoso.

—Aquí están los nombres de las sociedades que Malcolm utilizó para mover el dinero de la empresa de tu padre en los noventa —dijo, entregándole la libreta a Maya—. Y también las fechas exactas en las que obligó a Trevor a firmar los documentos de las cuentas bancarias de Luxemburgo.

—¿Trevor firmó sabiendo lo que hacía? —preguntó Rebecca.

Marianne bajó la mirada con tristeza.

—Trevor quería complacer a su padre. Malcolm le dijo que era la única forma de demostrar que era un hombre de verdad, que no se dejaba manejar por el apellido Vale. Mi hijo eligió el camino equivocado, Rebecca. Y ahora tiene que pagar por lo que ha hecho.

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La declaración testifical de Marianne ante la jueza instructora se fijó con carácter de prueba preconstituida para evitar que posibles presiones posteriores pudieran invalidar su testimonio en el juicio oral.

El castillo de naipes financiero y legal construido por Malcolm Harlan durante más de tres décadas acababa de venirse abajo por la rendija que él mismo había provocado al intentar silenciar a las mujeres de su familia.

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