Chapter 8 - El Silencio Que Ensordece

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El silencio que siguió a la explosión del pastel fue ensordecedor. Nadie habló. Nadie se movió. El único sonido fue el tintineo de una copa de cristal que rodó por el suelo hasta chocar contra la pata de una silla.
Todos los ojos estaban fijos en la escena.
Camille no se movió. No se llevó las manos al rostro, no gritó, no intentó limpiarse. Permaneció de pie, perfectamente erguida, con las manos cruzadas frente a ella. Su mirada no delataba ira, ni humillación, ni dolor.
Solo mantenía esa misma calma absoluta, casi irreal.
Élise, por el contrario, respiraba agitadamente, con una sonrisa de satisfacción cruel en el rostro. Había logrado lo que quería: humillar a la intrusa frente a todos.
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—¡No eres más que una don nadie! —gritó Élise, su voz resonando en el salón enmudecido.
Algunos invitados bajaron la mirada, incómodos y avergonzados por la escena. Nadie se atrevió a intervenir.